El fin de la gira

El fin de la gira

Conversaciones con David Foster Wallace - 3ª edición

En varias ocasiones he explicado que la publicación de Conversaciones con David Foster Wallace como primer título de nuestro catálogo se debió a la mera casualidad: buscando entrevistas con el autor, di con la noticia de la próxima aparición del libro en Estados Unidos y reservé un ejemplar. Había leído varias conversaciones con DFW en inglés, ninguna en castellano (de hecho, yo creía que jamás se había publicado entrevista suya alguna en periódico o revista española o hispana; si bien, al cabo del tiempo, supe de la existencia de una o dos, o puede que hasta tres), y tenía la sensación de que habría “materia” en un libro dedicado a charlas con un tipo tan característico como Wallace, y que ninguna biografía —por muy autorizada que fuese— podría nunca sustituir sus propias palabras.

Y, en efecto, el libro tenía mucha más enjundia de lo que su volumen físico, cuasi escuálido, aparentaba. Tenía entre mis manos la vida confesa de un autor venerado —principalmente, todo hay que decirlo, por haber escrito un ensayo mofándose mordazmente de quienes eligen hacer un crucero como forma de matar el tiempo libre, más una novela cuya peculiaridad esencial parecía residir en su envergadura— de cuya existencia, en nuestro idioma vehicular, no se sabía casi nada.

La primera edición de Conversaciones con David Foster Wallace se publicó a finales de octubre de 2012, se presentó en La Central de c/ Mallorca (Barcelona) a principios de noviembre, y se agotó catorce meses después. La segunda edición se publicó en 2014 y, tras otros catorce meses más, ha vuelto a agotarse. Podríamos, pues, habernos limitado a darle a la tecla de nuevo e imprimir la tercera sin más —pensando que todo el pescado estaba ya vendido—, pero eso habría sido pecar de indolencia porque, en este tiempo, han pasado cosas. Para empezar, se ve que el cajón de papeles y cuadernos que dejó Wallace ha tocado a su fin, o poco hay que rascar ya. Tras la publicación de En cuerpo y en lo otro, como no aparezcan, a lo Max Brod, relatos antiguos en lugares raros, habrá que ir conformándose con las entrevistas también raras que van surgiendo en los lugares más insospechados (hay por ahí una con una radio rusa, aparecida en 2011 en The New York Review of Books), textos sobre DFW a raíz de tal o cual aniversario (ahora hace 20 años que se publicó La broma infinita) o, dentro de no se sabe cuándo, el típico volumen de correspondencia. Otro Max, en este caso D. T., publicó su biografía, el mismo año que vio la luz Conversaciones, con una angelical foto del autor en portada. Tardé en leerla, para no acabar empachado, y, aparte de lo ya incluido en Conversaciones, lo cierto es que te enteras de algún chismorreo escabroso más, pero poca cosa.

Me quedaba, no obstante, un libro por leer, Although of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip with David Foster Wallace, de David Lipsky, autor del último texto incluido en Conversaciones. A principios de verano de 2015 —cuando se anunció el estreno de The End of the Tour, la película sobre los días que Lipsky y Wallace pasaron juntos al final de la gira promocional de La broma infinita—, dado que aún no podía ver la película, y tras haber leído una crítica de la misma donde ponían la actuación de Segel (el actor que hace de Wallace) por las nubes, decidí darle una oportunidad. El libro en sí lo componen las transcripciones de las conversaciones entre David Lipsky y David Wallace en dichos días, y Lipsky es comedido y respetuoso, pues sólo añade 24 páginas de cosecha propia, en un libro de 350, para poner en antecedentes al lector. No obstante, se cumple en este caso algo que Wallace solía decir a sus entrevistadores, “No soy un tipo demasiado interesante”, y que era mentira… hasta que llega la repetición. Leyéndolo, entendí que Lipsky, en un lógico afán documental —las parrafadas de DFW están repletas de la clásica duda de la oralidad—, que no editorial, decidiera incluir todo lo que grabó en cintas de casete. Además había que tener en cuenta que este libro se publicó en 2010, antes que El rey pálido, antes que Conversaciones, y antes que la biografía complementaria de Max, de modo que cabe pensar en una posible avidez del mercado por más Wallace tras su muerte en 2008, lo que fuese con tal de saberle todavía vivo, siquiera en tinta… Pero el caso es que, al terminar la lectura, poco se me había quedado en la memoria que no estuviera ya en las entrevistas publicadas que, no se olvide, incluían el texto refinado que Lipsky extrajo del tocho de cintas ahora transcritas a papel.

El libro de Lipsky me había sido ofrecido por su agente en España, no una sino dos veces (“Oye, han estrenado una peli…”). Lo fácil habría sido darle a la manivela, como decía el propio DFW. Pero entendí, como lector creo que experimentado de Wallace, que, a estas alturas, este libro era superfluo. Más valía ir a ver la peli cuando se pudiese. Y, dicho sea de paso, id a verla, no está mal. Te acostumbras enseguida a la cara sobreimpuesta de Segel sobre el Wallace imaginado que nunca conociste; verla te permite validar algunos clichés mentales que no sabías que tenías acerca de la figura de DFW, y te tragas en hora y media lo que yo tardé diez o doce en leer.

Pero volviendo al tema. He releído mucho Conversaciones, en estos años. Me parece un libro inagotable. Más aún, en la edición académica de la University Press of Mississippi, Burn incluyó al final un índice onomástico (y de algunos temas, como la ansiedad, la depresión, la adicción, etc.), con los autores mencionados por Wallace a lo largo del libro y las correspondientes páginas de aparición. En nuestra primera y segunda edición este índice no estaba incluido; sí en esta tercera. Puedo decir que esa lista de nombres ha sido saqueada con objetivos lúdicos un millar de veces, y con resultados altamente satisfactorios en términos de entretenimiento. Por poner sólo un par de ejemplos, leí el genial Ava de Carole Maso, mencionado en la página 110 de la 3ª edición, donde DFW dice “un amigo lo leyó y dijo que le provocó una erección en el corazón” (después de esa frase había que leerlo); página donde también menciona a Mary Karr y su excelente libro de memorias de infancia El club de los mentirosos (hay segunda y tercera parte, Cherry y Lit, respectivamente, pero ya no me parecen tan excelentes; de hecho son forzados, carecen de la naturalidad con que Karr escribió la primera parte cuando no era famosa). Si bien Ava por un motivo —es un libro de lectura exigente, y por aquí los gustos son, en general, un tanto más blandos— y The Liars’ Club por otro —publicar sólo una parte de una trilogía no parece editorialmente aceptable, por mucho que Showtime vaya a hacer una serie basada en la totalidad de la historia— no serán publicados por Pálido Fuego. (No obstante, debo recomendar al lector que de veras quiera disfrutar, que se deje llevar por las recomendaciones de Wallace en Conversaciones, y en cualquier otro libro o medio. Y si tenéis el pálpito de que tal o cual obra o autor mencionado en esas páginas, pero no disponible en castellano, es la caña, dad ídem a las editoriales de este país y Latinoamérica. Nosotros hemos ido poniendo nuestros granos de arena, publicando Historias del arcoíris, de William T. Vollmann —elogiado en las páginas 62 y 173—, El cuaderno perdido, de Evan Dara —recomendado por Wallace en otra entrevista que no está entre las 20 de Conversaciones, hacia la cual me dirigió Stephen J. Burn—, a Steve Erickson —sobre quien precisamente se deshace en elogios en el libro de Lipsky—, y alguno más caerá.)

Y de dichas relecturas, junto con el hecho incontestable de que el libro está agotado, surge esta nueva edición, revisada, remaquetada con otro formato (me parece) más manejable, con la cronología actualizada y el índice de marras a disposición de saqueadores en ciernes, y una nueva cubierta que aprovecha la imagen de la contraportada de la anterior edición.

Un consejo final: id a ver The End of the Tour, y leed una y otra vez Conversaciones con David Foster Wallace.


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