La bibliofagia de David Wallace

La bibliofagia de David Wallace

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Un tipo como Wallace, capaz de escribir lo que escribió, ¿qué leía? ¿Cuáles eran sus fuentes de inspiración? ¿Sólo obras sesudas, introspectivas, oscuras? ¿O también lecturas emotivas, cosas ligeras, literatura más, digamos, “informal”? Además de la plaga de hipótesis de segunda mano y elucubraciones más o menos acertadas, más o menos desviadas, a que sus lectores nos vimos sometidos tras su muerte, tenemos acceso directo a sus palabras, ya sea directamente, a través de sus ensayos, ya mediante aquella selección de entrevistas con que inauguramos nuestra andadura editorial, Conversaciones con David Foster Wallace. No pretendemos ser exhaustivos ni extraer conclusiones definitivas, sino más bien acceder rápidamente al grueso de obras que fueron dando forma a ese estilo capaz de atraer a lectores de toda índole. Revisando dichos referentes de un vistazo, quizá podamos llegar a entender el universo creativo de David Foster Wallace.

Hay sorpresas. Lejos de limitarse a lecturas densas y complicadas, el autor visita, de manera bastante sistemática, un caos aparente de piezas comerciales, thrillers, así como grandes clásicos, anglosajones contemporáneos, latinoamericanos, poetas… El resultado es un amplio marco de juego para cualquier mente lectora. O quizá todo sea una gran broma.

Al responder al “top ten” de Peder Zane, construyó esta lista:

1. Cartas del diablo a su sobrino, de C.S. Lewis.
2. La danza de la muerte, de Stephen King.
3. El dragón rojo, de Thomas Harris.
4. La delgada línea roja, de James Jones.
5. Miedo a volar, de Erica Jong.
6. El silencio de los corderos, nuevamente de Thomas Harris.
7. Forastero en tierra extraña, de Robert A. Heinlein.
8. Pasma, de Ed McBain.
9. Alligator, de Shelley Katz.
10. Pánico nuclear, de Tom Clancy.

Pero podemos decir que lo leyó todo: Sócrates, John Donne, Richard Crashaw, Shakespeare, Keats, Schopenhauer, Descartes, Kant, William James, Wittgenstein, Joyce, Hemingway, Flannery O’Connor, Cormac McCarthy, Don DeLillo, A.S. Byatt, Cynthia Ozic, Thomas Pynchon, Donald Barthelme, Tobias Wolff, Raymond Carver, Steinbeck, Stephen Crane. Leyó Moby Dick, El Gran Gatsby, Carrie, Pasos, de Jerzy Kosinski, al John Barth de Perdido en la casa encantada. A William Gass, Bret Easton Ellis, Frank Norris… Leyó poesía: Phillip Larkin, Louise Glück, Auden… En Hablemos de langostas Wallace menciona con admiración a Updike, a Kafka, a Dostoevsky. En En cuerpo y en lo otro manifiesta su admiración por La amante de Wittgenstein, de David Markson; recomienda Omensetter’s Luck, de William Gass; coloca a Borges en el diván. Blake Butler confecciona un compendio de las obras que llegó a elogiar de un modo insistente, y ahí nos encontramos con libros y novelas de Jonathan Franzen, Joanna Scott, Irvine Welsh, Dave Eggers, William Vollmann, Denis Johnson, Michael Ondaatje, Cynthia Ozick, Robert Coover, Manuel Puig, George Saunders, Julio Cortázar, Evan Dara.

En la pieza “Buscando una lanza de la que ser punta: una entrevista con David Foster Wallace”, incluida en Conversaciones con David Foster Wallace, a la pregunta “¿Hay algún autor vivo que te deje boquiabierto de verdad?”, el autor responde: “Soy un fan acérrimo de Don DeLillo, aunque creo que su último libro es de los peores. Me encanta el DeLillo de Americana y End Zone y Great Jones Street, Los nombres y Libra. Quizá El arcoíris de gravedad sea mejor libro, pero no creo que haya nadie en su línea desde Nabokov que haya publicado una colección de obras mejor que la de DeLillo. Me gusta Bellow, y también mucho el primer Updike: La Feria del asilo, En torno a la granja y El Centauro, simplemente en términos de pura escritura jodidamente bella. También hay muchos escritores latinos: Julio Cortázar, Manuel Puig, ambos fallecidos recientemente. Hay escritores jóvenes de los que ya te he hablado como Mark Leyner, William T. Vollmann, que publica cuatro libros este año. Jon Franzen, Susan Daitch, Amy Homes. El mejor libro que he leído últimamente es de la mujer de Paul Auster, que se llama Siri Hustvedt. Es una noruega de Minnesota que escribió aquel libro titulado Los ojos vendados. No es que sea muy divertida, pero vaya si es inteligente. Es la mejor obra de posmodernismo feminista que he leído en mi vida. Está tan bien hecha que hace que Kathy Acker parezca penosa”.

En otro momento del libro leemos: “No sé si tengo mucho talento natural reservado en cuanto a la ficción, pero sé que, cuando hay un clic, puedo oírlo. En las cosas de Don DeLillo, por ejemplo, oigo el clic casi en cada línea. Puede que sea la única manera de describir a los escritores que me encantan. En Donne, Hopkins, Larkin. En Puig y Cortázar. Puig hace clic como un jodido contador Geiger. Y ninguno de ellos escribe prosa tan bella como Updike, aunque no oigo mucho el clic en Updike”.

Con la periodista Laura Miller habló de sus colegas generacionales: “Está Richard Powers, que vive a cuarenta y cinco minutos de mí y a quien acabo de conocer. William Vollmann, Jonathan Franzen, Donald Antrim, Jeffrey Eugenides, Rick Moody. El que me coloca más ahora mismo es George Saunders, cuyo libro Guerracivilandia en ruinas acaba de salir, y que ha recibido un montón de atención. A. M. Homes: no creo que sus piezas largas sean perfectas, pero cada pocas páginas hay algo que te dobla por la mitad. Kathryn Harrison, Mary Karr, conocida por El club de los mentirosos aunque también escribe poesía y creo que es la mejor poeta de menos de cincuenta. Una mujer llamada Cris Mazza, Rikki Ducornet, Carole Maso. Ava de Carole Maso es simplemente… un amigo lo leyó y dijo que le provocó una erección en el corazón”.

Un itinerario lector inmenso que muestra su total apertura al mundo, y que sobrepasa cualquier estereotipo. Fuera de llevar una vida lineal, sus altibajos vitales debieron reflejarse también en la selección de sus lecturas, y quizá sea ese espectro tan amplio el que luego supo filtrar y combinar en sus propias obras de una forma tan lúcida y transgrediendo cualquier norma narrativa.

P.S. Del anterior torbellino de nombres, quédense con estos dos: Robert Coover y Evan Dara. Por ahora.

Berta Mongé


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