Tragicomedia en Manhattan

Sergio_02

En La Opinión de Málaga, Alfonso Vázquez dice de Una singularidad desnuda:

En un momento dado de Una singularidad desnuda, Casi —llamado así porque fue lo que su madre respondió cuando le preguntaron si le faltaba mucho para dar a luz— se queja de que cierta biblioteca pública no cuenta con La montaña mágica, un libro que, confiesa, ha intentado leer varias veces y nunca ha terminado. En la obra de Mann brillan con luz propia las interminables conversaciones entre Settembrini y Naphta, que hablan de lo divino y lo humano a las puertas de la gran guerra. También Casi, con algunos compañeros de trabajo, mantiene conversaciones dignas del sanatorio de Davos, preguntándose sobre la existencia de dios, los avances científicos, la expansión del Universo o la filosofía de Hume, charlas que proporcionan el contrapunto a la locura del trabajo diario en los juzgados y los rocambolescos vericuetos en los que termina perdido este abogado.

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